Así estaba cuando me la trajo:
Al menos estaba casi completa. Solo le faltaban los faros, el freno trasero original (había sido sustituido por otro "convencional") y la maneta del freno trasero.
Al margen de los "fungibles" (como las fundas, cables, pastillas de freno, puños, neumáticos...), el diagnóstico era poco alentador :
- La pintura del cuadro se encontraba en mal estado y con mucha oxidación.
- Los cromados (tija de sillín y manillar, manillar, guardabarros y llantas) estaban completamente oxidados.
- La cadena estaba oxidada y abierta por varios sitios.
Lo positivo era que el sillín, el cubrecadena y los pedales estaban en buen estado.
Lo primero fue desmontar completamente la bici y examinar todas las piezas con atención. La primera duda importante (con la que se enfrenta cualquiera que vaya a restaurar o acondicionar una bicicleta) es decidir si mantener el cuadro tal cual o volverlo a pintar. Decidí mantenerlo, por conservar las pegatinas originales y porque los daños y la oxidación, aunque aparatosos y feos, eran superficiales. Si en un futuro consigo las pegatinas, me plantearé pintar el cuadro. Lo importante ahora es poner la bici en orden de marcha y poder usarla de nuevo.
Limpié a fondo el cuadro y traté los puntos de óxido con un "pasivante" (transforma el óxido en una capa protectora) aplicado con un pincel.
Traté con el mismo producto todas las partes cromadas. El resultado fue espectacular, como se aprecia en la siguiente imagen:
¿Cómo es posible un resultado tan bueno?




